![]() |
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
A la de tresAquí me hallo, en la calle, al borde de la acera. A mis pies, seis rayas blancas, que a su vez conforman siete rayas negras sin otros contornos que los que mi percepción tiende a inventarse. A mis manos un maletín, y una bufanda que me enrollo en la izquierda porque aún es pronto para llevar guantes, pero no para que unas manos como las mías pasen frío. He de aclarar que no tengo calderilla, así que prefiero no tener bolsillos. Me gustaría poder decir que a mi cabeza pelo, pero los años, mis genes y el estrés han contribuido a que esa afirmación sea falsa.Son las ocho de la mañana, voy camino del trabajo, y a esta hora suelo ir bastante absorto. Una vez que, antes de salir de casa, me cercioro de que llevo todo lo necesario para la jornada, pongo el piloto automático. Sin embargo, hoy no ha sido como todos los días. Se me ha ocurrido levantar la vista justo al borde de la acera. Diez segundos más tarde, y no habría supuesto ningún problema, pero no, ha sido justo antes de pisar el asfalto. Ahí está, como esperándome. Tres luces, dos hombres. No me tomen por loco, sé distinguir un ser inanimado de un ser con vida. El semáforo no gesticula, ni me hace ningún tipo de revelación divina, ni cambia de lugar. Simplemente está ahí, donde siempre, donde nunca antes había reparado en él. O quizás sí, pero no lo recuerdo, se trata de una calle poco transitada, y de único sentido, así que uno se puede guiar a la hora de cruzar únicamente por la ausencia o presencia de ruido de los coches. Cuando reparo en él, está en ámbar y en ese instante pierdo mi última oportunidad para salvarme porque en lugar de cruzar rápidamente, puesto que no se acercaba ningún vehículo, como buen peatón me he detenido. Craso error. El semáforo se ha puesto en verde, y aunque no se acerca ningún coche, mi primer pensamiento es: "no voy a cruzar. Si he respetado un ámbar ¿Qué menos que hacer lo mismo con el disco verde?". Después de tener flashes de varios anuncios de la DGT para reforzar mi decisión, cambio radicalmente de pensamiento : "Qué demonios. ¿Llevo cinco años cruzando por aquí sin mirar, y ahora estoy no sólo planteándome sino también acatando las normas?". La idea llega tarde. Justo cuando me decido a cruzar después de este último autoenvite, el disco cambia, y me digo que tengo que esperar a que se vuelva a poner en verde para demostrarme a mí mismo que puedo transgredir una norma estúpida de la que ni siquiera he sido consciente hasta hace tres minutos. Invierto este tiempo pensando en algo sin sentido, como tratar de averiguar el número resultante de sumar las cifras de la fecha de hoy. Es cinco, y se pone el semáforo en ámbar. Bien, me voy preparando para dar mis obcecados pasos en contra de la educación vial. Se ilumina el faro verde y me siento como un estúpido quinceañero que tiene que ser rebelde sólo para poder demostrarse a sí mismo que puede. Abandono la idea, y decido esperar al rojo. Entonces empiezo a pensar que estos momentos de duda no han podido ser azarosos. Si mi mente ha sido capaz de hacerme parar durante unos nueve minutos delante del semáforo es porque algo sucede. El semáforo se pone en rojo, pero no me importa, sigo pensando en el significado que tiene para mí ese hecho, si es que tiene alguno. En primer lugar me maldigo por formar parte de la raza humana, ser capaz de caminar erguido, y por tanto haber encarado, tal y como lo he hecho, el semáforo. No obstante, obstinado como soy, voy más allá: ¿Y si lo que me da miedo es la decisión consciente de cruzar sabiendo que hay algo que regula el hecho de que lo haga o no? Pero claro, si no lo hago, estoy evitando entrar en la norma, lo que hace que la norma me influya más de lo que creo que lo hace. Por omisión, o por acción, estoy decidiendo, y estoy siendo influido por algo ajeno a mí. Puedo tratar de desviar esta angustia pensando en palabras de más de tres sílabas con vocales palindrómicas, en múltiplos de once o en porqué he dicho influido en lugar de influenciado, pero la angustia sigue dentro de mí. Ya llego tarde al trabajo. Me importa una mierda. Quizá por eso no quiero cruzar. Un momento, que no cruce no quiere decir que no quiera cruzar ¿Por qué doy por hecho que no quiero cruzar si no sé lo que quiero? Quizá debería empezar a plantearme qué es lo que quiero antes de porqué quiero lo que quiero, pero si no tengo causas, tendré que atenerme a las consecuencias a la hora de elegir. Empecemos de cero: ¿Qué quiero? ¿Cruzar, no cruzar? No lo sé, no soy capaz de tomar decisiones. Ante mí se presentan cadenas de sucesos con infinitos eslabones sobre lo que sucederá si tomo un camino u otro, y todo por un puto semáforo. Bueno no, la culpa es mía, presumo que el semáforo siempre ha estado ahí, ya que paso por aquí todos los días y no recuerdo obras, lo cual es bastante peculiar en esta ciudad. La culpa es mía por mirar, o por no haberlo hecho antes, o por darle tanta importancia a un hecho en el que cualquier otro no repararía. Ya basta, me estoy enfureciendo conmigo mismo, estoy empezando a sudar y a tener taquicardias. Es probable que mi jefe me despida aunque no sé si me alegra más que entristecerme. Tengo que cambiar, no puedo seguir así, tengo que decidirme. Lo haré sin pensar. A la de tres me dejaré llevar por lo que sienta y piense en ese momento. Es un semáforo de una calle desierta, no me va la vida en ello. Una ... Dos ... ... Tres ... ... ... Palabras para el blogcionario: acera, disco, rebelde, mierda, sudar, y jefe 2006-11-06 | 22:53 | Paradojicamente inclasificable | 12 diretes | Este post
Referencias (TrackBacks)URL de trackback de esta historia http://insectopia.blogalia.com//trackbacks/44371
Comentarios
|
|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||