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La familia y ni una másCuidado. Alerta roja. La familia cristiana está en peligro. Es culpa nuestra. De todos los que no entramos dentro de los cánones que dicta el Magisterio de la Iglesia. Es culpa de mi madre, que se divorció de mi padre, y que aunque es fiel cristiana y practicante, no puede comulgar porque las reglas dicen que su "error" (permítenme que lo dude) ha sido imperdonable. Es culpa de mi hermana, que vive con su novio desde hace siete años y que no tiene ninguna intención de casarse. Es culpa de dos de mis compañeros de piso que son pareja y, a pesar de ser cristianos practicantes y, a mi juicio bastante coherentes con una fe que poco entiende del púrpura y el oro, han decidido irse a vivir juntos antes de casarse para ver qué tal se les da la convivencia. Es culpa de mi otro compañero de piso que además de uno de mis mejores amigos, tiene la "desgracia" de ser gay, y, por tanto, comete el pecado de querer. Es culpa de mis amigos solteros, que entran y salen, ligan y dejan de ligar, y tienen historias fugaces porque en su situación actual no quieren o no pueden comprometerse. Es culpa de dos de mis mejores amigas, que llevan tratando de construir un camino juntas durante más de tres años a pesar de que cuando se conocieron, ambas tenían sus vidas muy hechas. Es mi culpa, y de mi pareja.En definitiva, es culpa de aquellos que intentamos demostrar que la diversidad no es sinónimo de pérdida de identidad, sino de riqueza. Quienes sólo entienden de exclusión se sienten amenazados, ya que el hecho de que todos los demás podamos vivir en libertad les lleva a pensar que pretendemos destruir su ¿estilo? de vida. Cree el ladrón que todos son de su condición, dice el sabio refranero popular. Y si este cura no es mi padre, esa familia no es la mía. Dejo de regalo, dos textos muy evocadores. El primero es una columna de Juan José Millás (El País, 17-06-05): La familia Imaginen un Estado totalitario en el que la familia estuviera prohibida, de manera que sólo pudiera darse en la clandestinidad. Los cónyuges se harían pasar por sociedades limitadas o anónimas y esconderían a la prole en el armario para no dar con sus huesos en la cárcel. Imaginen un Estado totalitario en el que la familia estuviera prohibida, de manera que sólo pudiera darse en la clandestinidad. Los cónyuges se harían pasar por sociedades limitadas o anónimas y esconderían a la prole en el armario para no dar con sus huesos en la cárcel. La policía, por su parte, peinaría periódicamente los edificios de las ciudades para desenmascarar a los matrimonios camuflados bajo la apariencia de bufetes jurídicos o dúos musicales. Los ciudadanos de bien denunciarían cualquier indicio de agrupación familiar que observaran en su entorno. "Señor comisario, en el piso de abajo vive un cuñado". "¿Un cuñado? Eso indica algún tipo de actividad familiar. ¿Ha visto algo más?" "Creo que un yerno y una suegra, quizá una nuera, no estoy seguro". "Déme la dirección que enviamos un coche patrulla a todo gas". Imaginen ahora la noticia del periódico: "La policía descubre en un sótano una familia de siete miembros. Y van cinco en dos meses. La subversión no descansa". Pero esto no sucede en la realidad. Ni siquiera en la ficción, aunque sería un excelente material para una comedia de enredo. Sin embargo, según la Conferencia Episcopal y su brazo político, el PP, la familia está seriamente perseguida y a punto de desaparecer. Suena raro, porque aquí se casan hasta los que están en contra del matrimonio, y lo hacen por la Iglesia, aunque no crean en Dios, porque queda más bonito. ¿De qué persecución hablan entonces? ¿Ustedes saben de alguien a quien se le haya prohibido casarse y tener hijos? ¿Han visto a alguna familia detenida en las dependencias policiales por reunirse a comer paella los domingos? ¿Acaso están las cárceles llenas de abuelos, hijos o nietos acusados de ser abuelos, hijos o nietos? ¿Se han vuelto locos los obispos y el PP? Es todo un desatino. Pero, ya puestos a hablar de persecuciones, tendríamos que mencionar aquélla a la que han sido sometidos, desde hace siglos, los homosexuales. Y por parte de la Iglesia y de los parientes del PP, para decirlo todo. Si alguien se merece una manifestación de apoyo, en fin, son estas personas que, paradójicamente, sólo quieren formar una familia. ¿Pero no se trataba de eso? El otro texto que les dejo, es la letra de una canción de Luis Ramiro titulada, Monseñor Rouco Varela: Monseñor Rouco Varela Cómo puede usted hablarnos sobre el sexo y el amor Si no tiene usted experiencia Cuénteme como supera un desengaño Como afronta usted un fracaso, si ha tenido un gatillazo Confiéseme si alguna vez en noches de luna llena, Su cuerpo no obedece y se rebela Monseñor Rouco Varela Dígame usted qué familia es la normal Si nunca pudo formar ninguna de ellas Sin pareja o descendencia cómo puede usted hablar de los demás Cómo se atreve a juzgar lo que nunca llegó a probar Ni ha llorado por amor Ni vivió la sensación de una piel que se estremece con el roce su voz No se atreva usted a hablarme monseñor Y hablar, hablar, hablar y no saber de nada Prefiero mis pecados, a la luz de su ignorancia Y hablar, hablar, hablar y no saber de nada Me quedo con la vida terrenal No creo en cielos de palabras, no creo en cielos de palabras 2007-12-31 | 21:28 | | 12 diretes | Este post
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